Columna de opinión de Carlos Felipe Pinela, Subgerente General de Appnew, publicada por La Voz de la Minería.

A propósito de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la reflexión adquiere especial urgencia a la luz de los últimos resultados de la PAES, que evidenciaron una baja en los puntajes en Ciencias. Una parte significativa de los jóvenes está egresando del sistema escolar sin una base sólida en pensamiento científico, lo que no solo limita su desempeño académico inmediato, sino también reduce el acceso a carreras STEM y, con ello, las posibilidades de formar el capital humano avanzado que el país necesita.

Por eso, esta conmemoración debe transformarse en una oportunidad para revisar con seriedad las políticas públicas en educación científica, fortalecer la formación docente, impulsar incentivos tempranos y consolidar programas de mentoría que acerquen la ciencia a niñas y adolescentes en contextos diversos. Asimismo, exige al sector privado tender puentes efectivos entre escuela, universidad e industria, generando trayectorias claras y motivadoras hacia las disciplinas científicas.

La preocupación adquiere una dimensión mayor si se considera la estructura productiva de Chile. Somos el principal productor mundial de cobre y uno de los actores más relevantes en minerales estratégicos para la transición energética, como el litio. Nuestro desarrollo económico depende —de la capacidad de innovar en procesos extractivos, automatización, eficiencia hídrica, descarbonización y tecnologías aplicadas a la minería, lo que exige profesionales altamente calificados en matemáticas, física, química, geología e ingeniería.

El desafío es aún mayor cuando observamos la dimensión de género. Si bien ha aumentado la matrícula femenina en carreras científicas y especialidades como ingeniería en minas o metalurgia, las mujeres siguen siendo minoría en muchas disciplinas clave para la industria extractiva y tecnológica. No basta con aumentar cupos o crear becas en la educación superior si la base formativa sigue siendo débil. 

La minería del siglo XXI no es solo extracción. Es ciencia de datos, automatización, robótica, geometalurgia avanzada, modelamiento geológico de alta precisión, economía circular y gestión ambiental sofisticada. Es, en esencia, ciencia aplicada en terreno. Si no fortalecemos la educación científica desde la escuela, corremos el riesgo de depender cada vez más de conocimiento importado en lugar de desarrollarlo localmente.

Chile tiene una oportunidad histórica. La transición energética global, la demanda por minerales críticos y el desarrollo tecnológico asociado a la minería sustentable pueden ser motores de crecimiento y sofisticación productiva. Y ese salto requiere talento formado desde la infancia. Si queremos seguir siendo líderes en cobre y protagonistas en el desarrollo de minerales estratégicos, necesitamos más niñas interesadas en ciencia, más jóvenes con pensamiento crítico y mejores resultados en matemáticas y ciencias al egresar del colegio.

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